viernes, 14 de mayo de 2010

Simples XII

Lo que tú no sientes en el aire.

Lo que no percibes en la distancia.

No puede ser explicado con palabras.

Tal vez si callas conmigo.

Si tu silencio se acerca a mi silencio.

Podamos oír el océano interior.

Talvez cuando dejes de buscar volcanes y tormentas.

Y luces estallando violentas en el horizonte.

Quizás sientas esa energía que fluye como el magma.

Que la da vida a tu interior.

Y cuando dejes tus relojes, tu corazón te dirá la hora.

Y cuando dejes, tus errores y tus heridas.

Abiertas sobre el agua.

El aire cicatrizara las profundidades.

No vistas la superficie, no la perfumes, ni la decores.

Deja que tu espíritu te de la única tunica necesaria.

Para comunicarte, para sentir.


Desde el interior del universo.

Llegan estos hilos de luz hasta ti.

Los mismos que llegan a todos.

Los mismos que llegan a mí.

La única diferencia, es que esos hilos.

Cuando te callas, cuando te aquietas.

Cuando te calmas.

Tienen la sagrada melodía de sentir.

La sagrada melodía de vivir.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.