miércoles, 12 de mayo de 2010

Agrupando estrellas





Si pudiera agrupar las estrellas en un rincón.
Para que me dejaran la oscuridad libre de un lado.
Para sumergirme en el cielo como en un lago.
Y que esos brillos no queden enredados en mi cuerpo.
Salir de allí iluminada,
Y caminar las calles llena de estrellas.
Le resultaría al mundo tan extraño.
Quisiera ahorrarme de responder tantas preguntas.

Si pudiera absorber un poco del perfume.
Que emanaron los silencios de tus labios.
Talvez aprendería yo también, a callar lo que pienso.
Y dirigir el desorden de mis palabras.
A otros lados.

Me gustaría encender las montañas.
Formar líneas rojas en el horizonte.
Dormir en el humo de mis errores.
Morir algunas noches asfixiada de horizonte.

Desandar los temores de mis ojos por la sombra.
Olvidarme mi presente, colgarme de una rama.
Y esperar que el otoño me bese, para caer en círculos gloriosos al suelo del patio.
Caer ruidosamente, despertar, el cedrón, y la albahaca.
Ver desde abajo y desde mi naturaleza de hoja.
Como me sonríe la lavanda.
Como me sonríe la nube que se parece a tu cara.

Si pudiera, envolver mis recuerdos en un papel celofán,
Y adornarlo como un ramo de flores.
Y dejarlo en la tumba de mi pasado.
Para no acudir a ellos jamás.

Si pudiera, regresar tus ojos a mis ojos.
Tus manos a mis manos.
Tus palabras al aire, de mis silencios.
Tu música a este ruido de mis horas.

Si pudiera, vencer al monstruo del pantano.
Que me visita todo los días de tarde.
Que trae pasteles, de barro, para acompañar mi te de naranjas.
Y perfume de flores rojas.

Si pudiera ganarle a la muerte, que me mira todas las noches.
Si pudiera acercarme a la habitación de la luna, y aprender de su boca.
Y aprender de su luz, a esperar a la aurora.
Si pudiera ser como el alba.
Que tibia, perfumada y sola.
Se eleva sobre el mundo.
Nos abriga de hermosura.
No acaricia de colores.

Si pudiera entrenar muchos lobos.
Para que me acompañen al bosque.
Hasta la cabaña de la bruja.
Que se llevo mis ojos.
Mi corazón y el círculo de mis horas.

Si pudiera, ir al cielo.
Y mirarte desde la espuma.
Me distraería en la altura.
Olvidaría tu nombre, pero también mi nombre.
Olvidaría tantas cosas.
Y cuando ya este perdida.
Sin brújula, sin soles.
Sin lunas coquetas de azules vestidos.
Percibiría ese perfume.
Aroma eterno que me da la música de tu espíritu.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.