jueves, 8 de abril de 2010

¿Que recuerdas?




De ese pasado de hierbas, y musgo.
De ese pasado de agua y desnudes.
De esa luz crepuscular que acaricia el vientre y los hombros.
De esa música de humedad.
¿Qué recuerdas?
Ahora… que estas recuperando sentidos.
Sensaciones.
Ahora que tienes de nuevo un cuerpo.
Y un corazón.
Recuerdas las primeras estrellas que parpadeaban en el lago y se convirtieron en peces.
Recuerdas los primeros silencios interrumpidos en risas que se convirtieron en sonidos.
Recuerdas el disco dorado latiendo fuego.
Recuerdo tu perfil.
Tu mano en el aire.
Tu voz ausente.
Algo de tu herida abierta.
De ese pasado de hierbas, y caballos blancos que corren sobre los cristales del viento.
De ese pasado de luz y oscuridad sobre los árboles que abrazan luces en el oeste.
¿Qué recuerdas?
A veces recuerdo la flor azul de la vida.
La flor blanca del alivio.
Los labios de la muerte terminando los ciclos.
El sonido del círculo que gira y anuncia el nuevo amanecer de nuestro espíritu.
El vértigo en la cima de nuestras emociones.
El abrazo profundo.
El cuerpo que vibra.
El cuerpo que arde.
El cuerpo que cubre y denuda las sensaciones calidas y frías.
A veces recuerdo los nidos de las aves.
Mi cabello blanco.
El jardín repleto de colores.
El jardín repleto de perfumes.
Mis manos entre los pétalos.
Mis manos jugando a ser peces en el agua.
A veces como un déjavu de mi deseo, o de mi necesidad de encontrarme.
Me reflejo a mí… la de antes en los cristales.
Me encuentro en la voz de la sombra.
En la voz de la luz.
En el suelo y en la altura.
¿Que recuerdas?
Recuerdas las aves que detenían el aire y el perfume, y detenían el tiempo en sus alas.
Recuerdas mis ojos latiendo el río de mis soledades.
Recuerdas tu cuerpo corriendo entre las montañas y los valles.
Recuerdas los lobos sedientos de nuestra carne, el demonio de la sombra persiguiendo nuestros pasos.
La fuerza de luz, dirigiendo nuestra energía al crepúsculo de todos los males.
A veces recuerdo una danza en el agua.
Una sensación de pies entre rocas resbalosas.
Un frío sobre los hombros y los brazos.
Una calidez de rayo sobre el rostro.
Una humedad de labio sobre la piel.
Un amanecer de perfumes sobre los árboles.

Descansar.


Llevo las manos al rostro.
Y a los ojos.
Respiro mi energía.


Necesito descansar.

Llevo mis manos a mi pecho, y a mi estomago.
Necesito encontrar mi energía.
Descansar.
Respiro la mañana.
La mañana me respira.
Llega la tarde.
Mis pies respiran el camino.
Los árboles respiran mi sombra y suspiran.
El mundo me abre una ventana a otra realidad después de mis manos y mis pies.
De mi rostro de mi pecho de mi estomago y de mi ombligo.
Por descansar me duermo en las flores.
Por descansar me evaporo.
Por desaparecer estallo en luces a mitad del día.
Canto muy despacio,
El viento despacio también acompaña mis sonidos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Caminaste tanto...




Caminaste tanto, que te alejaste de tus propios pasos.

Lloraste tanto que te convertiste en llanto.


Iluminaste tanto, que un día desapareciste perpendicular por la ventana.


Te desee tanto, que te di formas desde la sombra.

Y me hablaste con voz húmeda.


Y ahora…

Me acerco tanto que no te veo.

Lloro tanto que desaparezco liquida.

Beso tantas veces tu nombre.

Que me confundo entre sus letras.

Y mis labios se hacen alas de aire y desprenden su música.


Te busque tanto.

Que todos los mapas, tenían dibujitos de tu rostro.

Te abrase tanto que al separarme de tu cuerpo ya no estabas.

Estabas en mí y estabas tan lejos.

Hice mis manos como cortinas sobre tu rostro

Para quitarlas luego y que aparezcas.

Pero aun estas preguntando sobre la vida, el destino,

Y esas otras incertidumbres que te desvelan.

Te quiero tanto, que es mejor no decirlo.

Para que los jueces no me condenen por mi exceso.

Debería estar prohibido quererte así... tan repentinamente.

Alguien debería juzgarme por demente.

Por soñadora.

Y por ingenua.


Pero te quiero, de esta forma que solo saben querer las estrellas.

Que nos miran desde la altura y apenas con sus brillos nos retienen.

Unos instantes en el camino, unos instantes entre las ramas del árbol.

Unos instantes entre las pestañas que dibujan sombras

Sobre las mejillas húmedas.


Caminaste tanto.

Que el agua se convirtió en hielo.

Caminaste tanto que la nube se convirtió en puente.


No puedo saberlo


No puedo saberlo.
No se en que momento te hiciste agua, me hice arena.
Y nos convertimos en esta playa desierta.
Y alguien se convirtió en aire, y otros en cielo.
Y otros infinitos seres en estrellas.
Y alguien muy especial se convirtió en luna,
Y alguien muy especial en noche, en luz y en tormenta.

A veces me transformo en música.
A veces te transformas en color.
A veces somos el perfume de todas las cosas.
A veces soy mi rostro.
A veces eres tus manos.

No sé.
No puedo saberlo.
Cuando el cristal de nuestro corazón se rompió.
No sé no puedo saberlo.
Qué es lo que le da miedo a nuestra voz.
Para que no se asome tras los horizonte oscuros y rompa en luces menguantes sobre los perfiles de los cuerpos desnudos.
No puedo saberlo.
No sé porqué.
No sé cuando o como.
No lo sé.
No sé si quiero o si resistiría saberlo.
No sé si dolería mas o menos.
Si la oscuridad es otra criatura como nosotros que a veces se convierte en una persona triste que nos cruza en el camino.
Si la magia es una criatura como nosotros que a veces ilumina.

No sé cuando te convertiste en ausencia.
Cuando me convertí en recuerdo.
Cuando me sacaron esta fotografía de colores sepias.

No sé porque la brisa que trae esta tarde me estalla en lagrimas.
Que brotan de las fisuras de mi rostro que alojan a mis esferas.

Mis parpados, callan.
Y me obligan a dormirme.

No sé porque abril siempre me duele.
Si es por el recuerdo de mis amores muertos.
De mi hermana ausente.
De mis amigos lejos
De mis duendes tristes.

Si es porque las flores sienten el beso del otoño.
Si es porque siento el abrazo del frío.

Quisiera abandonar las letras como quien huye de su casa.
Como alguien que abandona su hogar de infancia.
Su caja de juguetes antiguos.
Quisiera abandonar las letras.
Caminar muy despacio hasta que me encuentre el campo.
Y la naturaleza me reciba con sus nubes.

No sé en que momento me vestí de niebla.
En que momento te fuiste.
En que momento la ventana callo al paisaje.
En que instante amanecí tan triste.

¿Cuándo?




La tristeza trepa, como esas plantas increíbles de casa antiguas.
Me convertí en una casa antigua.
Con salones oscuros.
Ventanas empañadas de soledades.
Cortinas pesadas, marchitas.
Un jardín seco, de plantas vencidas.
Algunas semillas secas regadas entre los huecos de las baldosas muertas.
Unas macetas rotas, dejando ver la terracota sucia.

La tristeza abraza como un niño pequeño.
Se alimenta de mis senos.
Seca mi vientre de soles y luces de estrellas de agua
Que alguna vez conservaron nombres de héroes.

Mi dolor es un pequeño pez.
Que nada sobre la superficie de mi rostro
Y a veces se anida en mi frente.

Mis dibujos no denuncian lugares de colores.

Se perdieron las líneas onduladas.
Y todos los árboles aparecen besados absurdamente por el invierno.

Me dormí en esta estación de gris desamparo.
De gris desconsuelo.
Y mi rosario de penas, me obliga a nombrar uno a uno mis errores.
Mis pasos en falso.
El nombre verdadero de mis fantasmas.
Y ver a los ojos al demonio de mis manos.
El que me muerde cuando siento frío en los hombros
Y trato de acurrucarme en mi propio cuerpo.

La tristeza trepa, como esas plantas de casas antiguas, que mientras avanzan también se seca, y abrazan los balcones de rejas.
Que demuestran más ausencias de flor.

¿Cuándo caerá el mármol a la tierra?
¿Cuándo caerá el mármol con mi nombre?
¿Cuándo besaran los gusanos mi carne seca?
¿Cuándo abrigada de sombra atravesare los últimos portales?
Y tomare distancia de mi propia esfera.
¿Cuándo… luz distante, esfera pálida… dime cuando?
¿Cuándo caeré en la tierra, y seguiré cayendo hasta la roca de fuego y descenderé hasta el infierno?
¿Cuándo?
¿Cuándo se terminara este ciclo de agua salada que reaviva la herida sobre la que se duerme el alma de mis pesares?
¿Cuándo la luz del norte, la luz del sur, la luz del oeste y del este, bajaran sus parpados eternos?
Y no abran mas sombras que persigan mi cuerpo.
¿Cuándo llegara el cuervo de los ojos extraños. A picotear sobre mi esternón abierto?
¿Cuándo las moscas de las distancia dejaran de zumbar sobre mis piernas?
¿Cuándo las espadas de los caballeros oscuros, dejaran de afilarse sobre mis huesos?
¿Cuándo las manos dejaran de arrojarme esas piedras?
¿Cuándo, luz, esfera pálida… dime cuando?
¿Cuándo caeré dormida en la tierra?
¿Cuándo me acunara el agua, y me llevara a su fondo seco?
¿Cuándo encontrare el camino de perfumes de mi muerte?
¿Cuándo acabara esta procesión de soledades que me aturde con sus ceguera?
¿Cuándo acabara este ruido de flores secas?
¿Cuándo morirán las campanas que resuenan mis tristezas?
¿Cuándo el viento dejara de jugar en los, molinos del infiernos?
¿Cuándo los caballos dejaran de jugar carreras sobre mi cuerpo?
¿Cuándo la flecha terminara su recorrido y alcanzara mi centro?
Basta de silencio.
Basta de distancia.
Basta de metales que me vistan de3 noche a mitad del camino al jardín de los sueños.
Basta de fantasmas que me esperan tras los pasillos, con rostros de amigos viejos.
Basta de familia que oculta verdades.
Basta de amores que temen.
Basta de bestias que rugen sobre mi pecho.
Basta de garras desgarrando la piel de mis piernas.
¿Cuándo… cuándo luz pálida, fragmento de mi ser entre las nubes, mi ultima esperanza para reinventar mi cuento?
¿Cuándo… caeré sobre la nube del silencio y me evaporare en perfumes que olvide el mundo en dos plumas de tiempo?


La luna no esta del otro lado.




El agua aun no esta a punto de selva.

Le falta fuego y llamas negras.

Pero aun así, intento despejar mis contracturas.

En las líneas verticales que descienden en mi cuerpo.

No esta la luna en la ventana.

O la ventana es muy pequeña.

O la luna es muy grande.

O mis ojos no tienen la capacidad de ver esferas.

No esta la luz en la ventana.

O la ventana es muy opaca.

O fuera ya es muy de noche.

O el fin del mundo se acerca.

No estoy de este lado.

O estoy absolutamente loca.

O tú no estas escuchando.

O estos es solo un guión para un film.

De enfermedades psicosociales

Que afecta a mujeres cercanas a los treinta.

Que no encuentran príncipes tras los portales.

Me baño.

La luz de mis manos me distrae un poco.

Me distrae un poco las esferas que me rodean cada que me quito la ropa.

Y que vuelan alrededor de mi cuerpo.

Y desprenden esa música que se confunde con el sonido del agua que cae.

Me pierdo en la espuma,

Siento agua dulce, agua salada.

Agua de perfumes.

Agua de lagos y de mares.

Mis alas están húmedas.

Mis labios están húmedos.

Mi soledad esta húmeda.

La luna no se ve por la ventana.

Porque esta sentada junto al jabón de lavanda.

Entre el shampoo y la esponja amarilla.

La luz no se ve por la ventana.

Por que intenta protegerme de mis manos

Que quieren sacarme la piel mientras me baño.

Yo no estoy de este lado, estoy del otro lado

En la noche oscura, aullando.


Respondo en silencio





Cuando tu luz es una luciérnaga, tiene perfume de abril que sonríe.

Cuando tiene forma de luna, es septiembre que besa.

Anoche el ala del sueño salpico su frescura de flor blanca sobre mi almohada húmeda.

¿Por qué mi almohada tenia retazos de mar, a mitad de una noche fría?

La esfera de nuestra energía conserva su color amarillo de líneas brillantes verdes, y puntitos blancos, que se mueven inquietos en su interior de perfumes.

El agua me abraza a mitad del camino.

El viento me pregunta si quiero convertirme en melodía.

No responde pero acepto.

Mi boca abre alas al aire.

Y soy una canción de cuerdas amables que viajan con sonidos de frutas dulces.

Acaricio el crepúsculo de mi vida, casi todas las noches.

Creo que son la última noche.

Luego el sol me sonríe en la ventana.

Mis pies le sonríen al suelo.

La tierra me sonríe.

Yo dejo caer otra forma de mar a mi cuello.

Que ahora no solo humedece mi almohada también humedece mi vestido.

Cuando tu voz es un ave de plumas lilas,

Que le da música a mi día, algo en mi interior se asoma por mi pecho y te recibe.

Cuando tu voz es apenas el sonido de una pestaña acariciando mis mejillas.

Algo de mi interior te intuye y te dibuja sobre la falda un camino de perfumes.

Cuando la mañana me pregunta si quiero ser luz que estalle en las cortinas.

No respondo pero acepto, y me parezco a una línea que cae directo a las flores de todos los jardines.


Como quisiera...




Abril me muestra sus moretones frescos.
Duele en el perfume que emana de la tierra.
Y de los tules que intentaron vestir mi cuerpo.
La luz es otra forma de la sombra.
Cuando la tristeza me adorna con collares de flores de violetas.
Y amanecí con los puñales que no dejaban ver la piel de mis costados.
Y amanecí con la sangre seca de mis ojos que se van poniendo ciegos.
Nuevamente.
Apago mis esferas al horizonte.
Mastico un par de planetas.
Vuelvo a mi naturaleza de india que se esconde en la selva,
Huyo a la selva.
Me refugio en la selva.
Y mis manos buscan entre la tierra y las piedras y las orillas del río.
Las raíces de mi espíritu abandonado antes de partir a esa luz de engaños y promesas.
Y mis manos alojan entre sus líneas.
La triste suerte de mi esfera.
Estallo.
Palidezco,
Esto es tristeza.
Me desnudo de apoco de esta soledad que me escupe el mundo.
Me desnudo de a poco
De los argumentos de los extraños arrojados sobre los libros.
Me desnudo de la vestimenta de la industria maldita de luces artificiales.
De metales impuros.
No hay símbolos que contengan la forma de mi estrella.
No hay manos capaces de conciliar la luz de mi esfera.
No hay ojos que soporten mi mirada.
Ni los míos sobre el agua mientras enjuago a esta cara nueva de penas
Y los dolores caen de mis manos como piedras.
Y los dolores trepan por mi vientre como insectos que se anidan entre la piel y los huesos.
Y se me cubre el cuerpo de tierra.
Y como quisiera madre de mi soles, madre de mi esfera, mi madre herbal madre tierra,
Que tu voz arrulle esta desolación de luz y estrella.
Y como quisiera
… nana de mis sueños.
Que me duermas en tus brazos para siempre.
Para no parpadear mi agonía sobre el horizonte mudo.
Que no responde con su fuego esférico a mi tristeza.
Y me declaro bruja, que prendan la hoguera.
Y me declaro mujer, que me condenen.
Y me declaro blanca, que me usen de soporte para los colores de su arte sobre la piel de mis desamores, pinten sus cruces sus símbolos y sus banderas.
Y me declaro perfume, para que me evaporen en el aire.
Y me declaro liquida, néctar de soles para que me consuman, me agoten, y me dejen, vacía, recipiente de huesos, muerta de deidades que me protejan.
No tengo mas corazón solo esta caja hermética.
No tengo mas luz, tan solo estas pequeñas esculturitas verticales de cera.
No tengo más cuerda., tan solo mi cabello suelto cubriendo la desnudez de mis senos.
No tengo más mi colección de semillas, sobre mis muñecas.
No tengo mas las melodías de la ventana sobre la cortina que se creía fantasma, y se zambullía en el aire de mis temores, provocando mas lagrimas de mi pena.
No tengo más manzanas.
No tengo mas razones para sentirme una princesa.
No tengo más conjuros, solo un libro de magia que no revela señales de mi verdadera esencia.
No tengo ojos que soporten mi mirada.
Ni manos que me retengan.
Ni una voz del otro lado, que me de una ubicación en este plantea.
Si no me nombran no existo.
Me vuelvo niebla.
Y en este otoño frío de soledades sobre los cristales, ser niebla es lo más sencillo para un cuerpo desnudo de riquezas.
Para un espíritu que se hace aire tras los perfumes del olvido entre los brillos de las navajas que lo vencen.

martes, 6 de abril de 2010

Mi corazón entorpece mis emociones.


Estoy un poco cansada.

Mi cuerpo entorpece mis pasos.

Mis ojos entorpecen mis visiones.

Mi corazón entorpece mis emociones.

Mi piel no me deja sentir la tibieza de los rayos.


Loa arqueros en el horizonte tensan sus arcos.

Las moscas agitan sus alas.

La muerte afila sus labios.

La sombra se teje un vestido más oscuro

Para cuando pase a mi lado.

La bestia más temible del infierno.

Enredo a mi cabello sus uñas y sus cuernos.

Mis temores entorpecen a los sueños.

Mis monstruos entorpecen a mis años.


Estoy un poco cansada.

Me canse de estos huesos.

Y trato de abandonarlos bajo un árbol.

Pero cuando me levanto del suelo.

Me persigue mi cuerpo,

Con sus bolsa de piel, sus órganos y sus piernas y brazos.

No puedo alejarme de mí.

Ato mi cabello al árbol de consuelo,

Me canto unas canciones de sueño.

Pero mis ojos se clavan en mi luz

Y no me dejan apartarme de mi lado.


Quisiera acurrucarme en el ombligo de la vida.

Y dormir hasta la muerte.

Respirar el último trago de mi aliento

Mientras tomo distancia de mis temores y de mis fracasos.

Mientras enjuago mi rostro verdadero

En la luz de la luna que se tiñe de violetas.

Cuando las estrellas le dicen a mi cuerpo

Por donde pienso escaparme.

Mis manos me sostienen de mis cuerdas.

No dejan que vuele a lugares muy lejanos.

Me detengo por mis lágrimas que nublan mis ojos.

Y me pregunto cual será el motivo de mi llanto.

Luego algo de ese perfume de la angustia me alcanza,

Los arqueros ya empezaron con sus juegos de flechas.

Muchas veces aciertan, grito.

Ruedo sobre mi cuerpo,

Me hundo en mi pecho,

Y duermo unos años.

Pero siempre me despierto,

Intento volar,

Pero no me dejan mis manos.

Me retienen de los hilos.

Me miran y sonríen.

Lloran un poco

Y también tratan de distraerse con la música de pasos lejanos.

…pero hoy estoy un poco cansada.

Nadie abriga este desconsuelo de miradas distantes.

Nadie me dice que descienda,

Y que enjugue mis lágrimas,

Y que vista de luz mi cuerpo,

Y que deje pasar otra vida, y deje ir este cansancio.

Tengo una fatiga que es falta de dulces.

Falta de golosinas… de labios de agua.

Es por falta de descanso de versos de perfumes de durazno.

Estoy cansada, pero no duermo.

Solo podría dormir en el cuarto de las princesas del este.

Ocupando mi cama de espumas.

Pero la torre de mi cuarto es de arena.

Y para llegar debo escarbar la base del castillo.

Y cuando lo hago.

El castillo se derrumba.

La torre desaparece y mi cama de espuma se vuelve nube.


El recuerdo que golpea mi cabeza.


Esta voz del rocío que se trasparenta en la hierba.

Esta forma de brillar de la angustia.

Este río de pesares que mueve las rocas profundas.


Vendrán como la flor de la memoria

A deshojar sus perfumes sobre las manos ardientes de la música.

Vendrán con los talones desnudos de voluntad de lluvia.

Y el martillo del recuerdo convierte mi cabeza en un clavo que se tuerce.

Y el mundo en la madera en el que me hundo.

Pierdo extremidades.

Soy solo ese metal vertical, que responde a los golpes del martillo.


Retorno a la musa de la sombra.

Retorno al néctar de las necesidades diurnas.

La primer bebida desde la fuente de las delicias.

Retorno a los monumentos a los dioses de los descuidos

Que sonríen desordenados en una plaza.


Amanecí en la última hora en que la ventana se convirtió en portal del sol del pasado.

Amanecí en la primera hora de lluvia.

Mañanita fría que me encuentra acurrucada en mis angustias con formas de mantas abrigadas.


Y todo mi jardín de manzanos y azahares quedo del otro lado del puente de magia.

Y todo mi jardín de limones naranjas, y esferas transparentes quedo del otro lado del labio del mundo.

Tan distante de mis pasos de agua.


Restando


Voy a sacar cuentas a mitad de un sueño

A multiplicar las razones de mis alas atascadas en el cemento.

Voy a sacar cuentas.

A sumar, a multiplicar.

A fragmentar luego el resultado por cada variación sonora.

Por cada variación climática.


Y si mis sumas se restan a si mismas angustiadas.

Y si mis multiplicaciones no encuentran resultados lógicos.

O exactos.

Si al final de los signos en lugar de números aparecen letras.

O señales de transito.

Seria igual de inútil cualquier otro resultado.

Por que no me gustan las matemáticas a mitad de un sueño.

Ni a mitad de una calle conocida.

Ni en el borde de un labio que se descuida.

Ni en un mapa que se vence por el peso de los edificios que sostiene en sus esquinas.


Y no consigo cantar y contar y saltar baldosas.

Y cada idea mueva, desplaza ideas anteriores.

Aun a los recuerdos necesarios,

Como los nombres de las personas que me rodean.

Como las mascotas de la infancia.

Los amores de la escuela.

Ya muy poco tengo en mi cabeza.

Creo que tan solo sostengo un nido para el perfume del viento.

Un enredo de sueños.


Voy a restarle a mis días los fragmentos que pase en el trabajo.

Voy a restarle a mi día.

Los retos que recibí en el camino de regreso a mi casa

Cuando esperaba que un semáforo le de un guiño verde a mis pasos.

Voy a restarle, los saludos rutinarios.

Los problemas cotidianos.


Voy restar también a mi día, esa hora de silencio.

Y ese cuarto de hora de llanto.

Y esos diez minutos en la ventana.

Los diez minutos de la mañana.

Los diez minutos de la tarde.

Y los últimos cinco minutos antes de acostarme.


Voy a restar, la hora perdida en el techo de mi cuarto.

Y llego… a esto.

Unos minutos.

Un cordón de arena.

Un hilo de arena.

Un listón de arena.

Un puente de arena.


Un recuerdo.

Parpados que aletean un rostro.

Y un perfume.

Manos que buscan sobre los labios.

Un sabor de perfumes impregnados en el espacio oscuro.

De la penumbra en el umbral del sueño.

Y relajo mis piernas.

Y el hilo se vuele más delgado.

Alguno puntitos de arena brillan más temblorosos.

Y extiendo mis brazos.

Mis manos se vuelven aves que juegan en el aire.

Mis boca se entre abre al beso de la noche.

Y suspiro un gemido entrecortado del sueño.


Desciendo a mi cuerpo.

Me abandono de la cima de todos los techos de agua.

De espuma, de estrellas y de cemento.

Desciendo a mi cuerpo.

Mi pecho se abre.

Me recibe.

Suspiro un gemido nuevamente.

Parpadeo, despierto un instante.

Dos exhalaciones antes de dormir en mi cuerpo.


lunes, 5 de abril de 2010

Otro insecto.


Escalo, sobre las telas del corazón del mundo.

Una gran montaña de suspiros

Lanzados al vacío oscuro que se fractura.

En un final.

Sin final.

Después de escalar,

Observo el paisaje de mis ruinas.

Hombros ariscos que no se prestan a mis perfiles.

Mi lágrima es otro granito de arena, salado y brillante.

Que se opaca en los espesores de la niebla del camino.

Arreglo mi vestido sobre la ventana de mis soledades.

Me preparo para arrojar la flor amarilla de mi desconsuelo.

Arrojarla a la profunda incógnita.

No se dejar de adorar los soles de mis delirios.

Esos que arden inquietos, nerviosos.

Mordiendo los labios del sueño.

A mitad de ola sobre la orilla de mis temores y mis pesadillas.

Demasiada metáfora amor mío.

Padezco la enfermedad de la repetición del verbo

Que acentúa el presente de mis conjuros privados de magia y poesía.

Mi ángel llora aturdido.

Le teme al silencio detrás de las puertas abiertas.

Se abriga de besos de luna.

Y espuma sus alas en el silencio de la rutina

Del amanecer del desvelo y la partida.

Jugo de cruces y círculos.

Tres en línea.

El deseo repetido de morir por tus heridas.

Que me hiera tu dolor.

Para que te descalces al fin del espectro de la muerte.

Que atenta sobre tus parpados cada noche.

El bálsamo de tu labio confundido en el agua

De la lluvia de abril recién llegado de la altura.

Te desnudes de muerte.

Y suspires vida sobre las líneas de un garabato de líneas moduladas.

Que se perfilan a los márgenes del final de un día.

Despedida.

Dolor por dolor.

Ritual de alas.

Parpado que se vence ante la luz de la angustia.

Que estalla sobre el pecho de la golondrina.

Otro insecto similar al olvido, el recuerdo.

Que me trae tus canciones de pasos lentos entre las baldosas de mi camino.

A media luz.


La flor del silencio.

La nube de la locura.

El beso de la noche a mitad de almohada de la sombra.

Luna partida.

Herida de Neón.

Los rugidos de las bestias del infierno

atenazan los cristales de mis ojos.

A media luz de un verbo.

Nacen las crónicas de nuevos días.

Estallan los colores de las páginas predestinadas a la forma.

La magia es una canción conocida por el espíritu en el cuerpo dormido.

El cuerpo debe soportar el impacto del espíritu, y de su energía.

Soportar el calor, y el frío.

La constante vibración de disparos.

Lejanas flechas acuden certeras a nuestros nombres.

Los fantasmas nos buscan.

Necesitan ser escuchados.

Cuando estoy muy aburrida les presto atención.

Cuando estoy muy entretenida

Les canto para que duerman a medio colchón de un verso en mi menor.

domingo, 4 de abril de 2010

Ahora.







Aun no suelto la cuerda.

El cometa de mi alma.

Se balancea inquieto.

La cumbre de mi angustia es una nube pálida.

Mordida por los soles de este desierto de mares y luces.

De tu rostro.

De mi rostro.


Las campanas, aun empujan las soledades por los puentes.


Pido perdón por este disparo de palabras y de fuegos.

Pero la vida es un gran acto involuntario.

Un acto reflejo de los impulsos de nuestro espíritu.

Apresurado por nacer.

Y despega vuelo, desde las fauces más oscuras de los dragones de hielo.

Que incendian desde sus ojos azules.

Ojos negros.

Ojos de pestañas como navajas,

Que atraviesan todos los rinconcitos mas guardados de mi alma.


Te sostendré marioneta inquieta de mis temores.

Te contendré un día más en mis pensamientos.

Mi nombre arrastra su poesía

Desde muchas direcciones.

Arrastra poesías, desde los hilos de sus articulaciones.

Arrastra monstruos nacarados de amaneceres de faroles.

Arrastra fantasmas de hoteles de emperadores.


La locura es un vórtice del sueño.

El olvido una necesidad de la mañana.

La muerte es un punto y una coma al final de una frase que jamás dice lo que quisiera.


Y con todo lo que no digo, digo y callo.

Y con todo lo que siento, lleno paginas de colores y líneas onduladas.

Pero no dibujo ni Ángeles, ni pájaros.

Y no puedo encontrar las llaves para liberar los dolores de tu alma.


Y del purgatorio de los sueños.

Saldrán despedidos en los trazos de tus nuevos dibujos.

Estos monstruos que pretenden asustarme con sus caras.


Los miro.

Me sonrío.


Cuantas veces a partir de ahora.

Y a partir de siempre, a partir de ayer y mañana.

Aparecerá esta imagen en mi poesía.

Cuantas veces sabrás que es por ti que escribo.


De todo lo que he escrito, y dicho, no quito nada.

Creo que agregaría.

Agregaría las razones de mis versos.

Agregaría los sonidos de tu espíritu en las primeras horas de la mañana.

Agregaría el perfume de tu voz en la última hora

Antes de que la dama del sueño juegue contigo

La danza de contar hasta tres y que te encante dormido.

De todo lo que he escrito y dicho.

No quito nada.

Creo que agregaría.

Los dibujos de tu rostro entre las páginas.

La forma de tus manos en el aire.

El modo de recortar luces desde tu mirada.


La sensación prematura del olvido mordiendo mis talones descalzos.

Mi necesidad de llorar, y de no encontrar las lágrimas.

Mi canción inquieta a mitad de la calle,

Mis dolores a mitad de un sueño.

El fantasma del pasillo que nos visitaba sin descaro.


De todo lo que he escrito, y dicho no quitaría nada.

Hay un vacío en mis costados.

En mi izquierda hay un frío de invierno amanecido de distancia

En mi derecha un vacío de luz de ventana.

Un hogar que me recibe con anécdotas de la rutina.

Mi alma tratando de huir en el primer hueco de las persianas.


No puedo evitar este disparo.

Pido perdón por ello.


Pero sabes que disparo entre risas.

Y con la voz cambiada.

Y que salto baldosas del sueño, mientras me olvido de los números

Que suman las veces que no he dicho, y he dicho lo que ya estaba en mi mirada.


Después de todo.

Y como antes.

Ya sabia de estas cosas antes de enfrentarme a los sabores de tu espíritu.

Después de todo.


… el final siempre suena a una coma y a un punto al final de una frase

Que no dice lo que mordía mi labio mientras te alejabas.


Retorno al dolor sin espectro.

A la angustia sin llanto.

Al amor con motivos de sobra.

Con nombre y apellido.

Retorno a la distancia.

Al cuento.

Al dragón.

Al mago.

Al hada.

A un lugar amable de campos con árbol y lago.

Y un puente rodeado de plantas enredaderas de flores azules.

Que suavizan la soledad empujada por las campanas.


Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.