
jueves, 8 de abril de 2010
¿Que recuerdas?

Descansar.
miércoles, 7 de abril de 2010
Caminaste tanto...
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Caminaste tanto, que te alejaste de tus propios pasos.
Lloraste tanto que te convertiste en llanto.
Iluminaste tanto, que un día desapareciste perpendicular por la ventana.
Te desee tanto, que te di formas desde la sombra.
Y me hablaste con voz húmeda.
Y ahora…
Me acerco tanto que no te veo.
Lloro tanto que desaparezco liquida.
Beso tantas veces tu nombre.
Que me confundo entre sus letras.
Y mis labios se hacen alas de aire y desprenden su música.
Te busque tanto.
Que todos los mapas, tenían dibujitos de tu rostro.
Te abrase tanto que al separarme de tu cuerpo ya no estabas.
Estabas en mí y estabas tan lejos.
Hice mis manos como cortinas sobre tu rostro
Para quitarlas luego y que aparezcas.
Pero aun estas preguntando sobre la vida, el destino,
Y esas otras incertidumbres que te desvelan.
Te quiero tanto, que es mejor no decirlo.
Para que los jueces no me condenen por mi exceso.
Debería estar prohibido quererte así... tan repentinamente.
Alguien debería juzgarme por demente.
Por soñadora.
Y por ingenua.
Pero te quiero, de esta forma que solo saben querer las estrellas.
Que nos miran desde la altura y apenas con sus brillos nos retienen.
Unos instantes en el camino, unos instantes entre las ramas del árbol.
Unos instantes entre las pestañas que dibujan sombras
Sobre las mejillas húmedas.
Caminaste tanto.
Que el agua se convirtió en hielo.
Caminaste tanto que la nube se convirtió en puente.
No puedo saberlo
¿Cuándo?

La luna no esta del otro lado.

El agua aun no esta a punto de selva.
Le falta fuego y llamas negras.
Pero aun así, intento despejar mis contracturas.
En las líneas verticales que descienden en mi cuerpo.
No esta la luna en la ventana.
O la ventana es muy pequeña.
O la luna es muy grande.
O mis ojos no tienen la capacidad de ver esferas.
No esta la luz en la ventana.
O la ventana es muy opaca.
O fuera ya es muy de noche.
O el fin del mundo se acerca.
No estoy de este lado.
O estoy absolutamente loca.
O tú no estas escuchando.
O estos es solo un guión para un film.
De enfermedades psicosociales
Que afecta a mujeres cercanas a los treinta.
Que no encuentran príncipes tras los portales.
Me baño.
La luz de mis manos me distrae un poco.
Me distrae un poco las esferas que me rodean cada que me quito la ropa.
Y que vuelan alrededor de mi cuerpo.
Y desprenden esa música que se confunde con el sonido del agua que cae.
Me pierdo en la espuma,
Siento agua dulce, agua salada.
Agua de perfumes.
Agua de lagos y de mares.
Mis alas están húmedas.
Mis labios están húmedos.
Mi soledad esta húmeda.
La luna no se ve por la ventana.
Porque esta sentada junto al jabón de lavanda.
Entre el shampoo y la esponja amarilla.
La luz no se ve por la ventana.
Por que intenta protegerme de mis manos
Que quieren sacarme la piel mientras me baño.
Yo no estoy de este lado, estoy del otro lado
En la noche oscura, aullando.
Respondo en silencio

Cuando tu luz es una luciérnaga, tiene perfume de abril que sonríe.
Cuando tiene forma de luna, es septiembre que besa.
Anoche el ala del sueño salpico su frescura de flor blanca sobre mi almohada húmeda.
¿Por qué mi almohada tenia retazos de mar, a mitad de una noche fría?
La esfera de nuestra energía conserva su color amarillo de líneas brillantes verdes, y puntitos blancos, que se mueven inquietos en su interior de perfumes.
El agua me abraza a mitad del camino.
El viento me pregunta si quiero convertirme en melodía.
No responde pero acepto.
Mi boca abre alas al aire.
Y soy una canción de cuerdas amables que viajan con sonidos de frutas dulces.
Acaricio el crepúsculo de mi vida, casi todas las noches.
Creo que son la última noche.
Luego el sol me sonríe en la ventana.
Mis pies le sonríen al suelo.
La tierra me sonríe.
Yo dejo caer otra forma de mar a mi cuello.
Que ahora no solo humedece mi almohada también humedece mi vestido.
Cuando tu voz es un ave de plumas lilas,
Que le da música a mi día, algo en mi interior se asoma por mi pecho y te recibe.
Cuando tu voz es apenas el sonido de una pestaña acariciando mis mejillas.
Algo de mi interior te intuye y te dibuja sobre la falda un camino de perfumes.
Cuando la mañana me pregunta si quiero ser luz que estalle en las cortinas.
No respondo pero acepto, y me parezco a una línea que cae directo a las flores de todos los jardines.
Como quisiera...

martes, 6 de abril de 2010
Mi corazón entorpece mis emociones.
Estoy un poco cansada.
Mi cuerpo entorpece mis pasos.
Mis ojos entorpecen mis visiones.
Mi corazón entorpece mis emociones.
Mi piel no me deja sentir la tibieza de los rayos.
Loa arqueros en el horizonte tensan sus arcos.
Las moscas agitan sus alas.
La muerte afila sus labios.
La sombra se teje un vestido más oscuro
Para cuando pase a mi lado.
La bestia más temible del infierno.
Enredo a mi cabello sus uñas y sus cuernos.
Mis temores entorpecen a los sueños.
Mis monstruos entorpecen a mis años.
Estoy un poco cansada.
Me canse de estos huesos.
Y trato de abandonarlos bajo un árbol.
Pero cuando me levanto del suelo.
Me persigue mi cuerpo,
Con sus bolsa de piel, sus órganos y sus piernas y brazos.
No puedo alejarme de mí.
Ato mi cabello al árbol de consuelo,
Me canto unas canciones de sueño.
Pero mis ojos se clavan en mi luz
Y no me dejan apartarme de mi lado.
Quisiera acurrucarme en el ombligo de la vida.
Y dormir hasta la muerte.
Respirar el último trago de mi aliento
Mientras tomo distancia de mis temores y de mis fracasos.
Mientras enjuago mi rostro verdadero
En la luz de la luna que se tiñe de violetas.
Cuando las estrellas le dicen a mi cuerpo
Por donde pienso escaparme.
Mis manos me sostienen de mis cuerdas.
No dejan que vuele a lugares muy lejanos.
Me detengo por mis lágrimas que nublan mis ojos.
Y me pregunto cual será el motivo de mi llanto.
Luego algo de ese perfume de la angustia me alcanza,
Los arqueros ya empezaron con sus juegos de flechas.
Muchas veces aciertan, grito.
Ruedo sobre mi cuerpo,
Me hundo en mi pecho,
Y duermo unos años.
Pero siempre me despierto,
Intento volar,
Pero no me dejan mis manos.
Me retienen de los hilos.
Me miran y sonríen.
Lloran un poco
Y también tratan de distraerse con la música de pasos lejanos.
…pero hoy estoy un poco cansada.
Nadie abriga este desconsuelo de miradas distantes.
Nadie me dice que descienda,
Y que enjugue mis lágrimas,
Y que vista de luz mi cuerpo,
Y que deje pasar otra vida, y deje ir este cansancio.
Tengo una fatiga que es falta de dulces.
Falta de golosinas… de labios de agua.
Es por falta de descanso de versos de perfumes de durazno.
Estoy cansada, pero no duermo.
Solo podría dormir en el cuarto de las princesas del este.
Ocupando mi cama de espumas.
Pero la torre de mi cuarto es de arena.
Y para llegar debo escarbar la base del castillo.
Y cuando lo hago.
El castillo se derrumba.
La torre desaparece y mi cama de espuma se vuelve nube.
El recuerdo que golpea mi cabeza.
Esta voz del rocío que se trasparenta en la hierba.
Esta forma de brillar de la angustia.
Este río de pesares que mueve las rocas profundas.
Vendrán como la flor de la memoria
A deshojar sus perfumes sobre las manos ardientes de la música.
Vendrán con los talones desnudos de voluntad de lluvia.
Y el martillo del recuerdo convierte mi cabeza en un clavo que se tuerce.
Y el mundo en la madera en el que me hundo.
Pierdo extremidades.
Soy solo ese metal vertical, que responde a los golpes del martillo.
Retorno a la musa de la sombra.
Retorno al néctar de las necesidades diurnas.
La primer bebida desde la fuente de las delicias.
Retorno a los monumentos a los dioses de los descuidos
Que sonríen desordenados en una plaza.
Amanecí en la última hora en que la ventana se convirtió en portal del sol del pasado.
Amanecí en la primera hora de lluvia.
Mañanita fría que me encuentra acurrucada en mis angustias con formas de mantas abrigadas.
Y todo mi jardín de manzanos y azahares quedo del otro lado del puente de magia.
Y todo mi jardín de limones naranjas, y esferas transparentes quedo del otro lado del labio del mundo.
Tan distante de mis pasos de agua.
Restando
Voy a sacar cuentas a mitad de un sueño
A multiplicar las razones de mis alas atascadas en el cemento.
Voy a sacar cuentas.
A sumar, a multiplicar.
A fragmentar luego el resultado por cada variación sonora.
Por cada variación climática.
Y si mis sumas se restan a si mismas angustiadas.
Y si mis multiplicaciones no encuentran resultados lógicos.
O exactos.
Si al final de los signos en lugar de números aparecen letras.
O señales de transito.
Seria igual de inútil cualquier otro resultado.
Por que no me gustan las matemáticas a mitad de un sueño.
Ni a mitad de una calle conocida.
Ni en el borde de un labio que se descuida.
Ni en un mapa que se vence por el peso de los edificios que sostiene en sus esquinas.
Y no consigo cantar y contar y saltar baldosas.
Y cada idea mueva, desplaza ideas anteriores.
Aun a los recuerdos necesarios,
Como los nombres de las personas que me rodean.
Como las mascotas de la infancia.
Los amores de la escuela.
Ya muy poco tengo en mi cabeza.
Creo que tan solo sostengo un nido para el perfume del viento.
Un enredo de sueños.
Voy a restarle a mis días los fragmentos que pase en el trabajo.
Voy a restarle a mi día.
Los retos que recibí en el camino de regreso a mi casa
Cuando esperaba que un semáforo le de un guiño verde a mis pasos.
Voy a restarle, los saludos rutinarios.
Los problemas cotidianos.
Voy restar también a mi día, esa hora de silencio.
Y ese cuarto de hora de llanto.
Y esos diez minutos en la ventana.
Los diez minutos de la mañana.
Los diez minutos de la tarde.
Y los últimos cinco minutos antes de acostarme.
Voy a restar, la hora perdida en el techo de mi cuarto.
Y llego… a esto.
Unos minutos.
Un cordón de arena.
Un hilo de arena.
Un listón de arena.
Un puente de arena.
Un recuerdo.
Parpados que aletean un rostro.
Y un perfume.
Manos que buscan sobre los labios.
Un sabor de perfumes impregnados en el espacio oscuro.
De la penumbra en el umbral del sueño.
Y relajo mis piernas.
Y el hilo se vuele más delgado.
Alguno puntitos de arena brillan más temblorosos.
Y extiendo mis brazos.
Mis manos se vuelven aves que juegan en el aire.
Mis boca se entre abre al beso de la noche.
Y suspiro un gemido entrecortado del sueño.
Desciendo a mi cuerpo.
Me abandono de la cima de todos los techos de agua.
De espuma, de estrellas y de cemento.
Desciendo a mi cuerpo.
Mi pecho se abre.
Me recibe.
Suspiro un gemido nuevamente.
Parpadeo, despierto un instante.
Dos exhalaciones antes de dormir en mi cuerpo.
lunes, 5 de abril de 2010
Otro insecto.
Escalo, sobre las telas del corazón del mundo.
Una gran montaña de suspiros
Lanzados al vacío oscuro que se fractura.
En un final.
Sin final.
Después de escalar,
Observo el paisaje de mis ruinas.
Hombros ariscos que no se prestan a mis perfiles.
Mi lágrima es otro granito de arena, salado y brillante.
Que se opaca en los espesores de la niebla del camino.
Arreglo mi vestido sobre la ventana de mis soledades.
Me preparo para arrojar la flor amarilla de mi desconsuelo.
Arrojarla a la profunda incógnita.
No se dejar de adorar los soles de mis delirios.
Esos que arden inquietos, nerviosos.
Mordiendo los labios del sueño.
A mitad de ola sobre la orilla de mis temores y mis pesadillas.
Demasiada metáfora amor mío.
Padezco la enfermedad de la repetición del verbo
Que acentúa el presente de mis conjuros privados de magia y poesía.
Mi ángel llora aturdido.
Le teme al silencio detrás de las puertas abiertas.
Se abriga de besos de luna.
Y espuma sus alas en el silencio de la rutina
Del amanecer del desvelo y la partida.
Jugo de cruces y círculos.
Tres en línea.
El deseo repetido de morir por tus heridas.
Que me hiera tu dolor.
Para que te descalces al fin del espectro de la muerte.
Que atenta sobre tus parpados cada noche.
El bálsamo de tu labio confundido en el agua
De la lluvia de abril recién llegado de la altura.
Te desnudes de muerte.
Y suspires vida sobre las líneas de un garabato de líneas moduladas.
Que se perfilan a los márgenes del final de un día.
Despedida.
Dolor por dolor.
Ritual de alas.
Parpado que se vence ante la luz de la angustia.
Que estalla sobre el pecho de la golondrina.
Otro insecto similar al olvido, el recuerdo.
Que me trae tus canciones de pasos lentos entre las baldosas de mi camino.
A media luz.
La flor del silencio.
La nube de la locura.
El beso de la noche a mitad de almohada de la sombra.
Luna partida.
Herida de Neón.
Los rugidos de las bestias del infierno
atenazan los cristales de mis ojos.
A media luz de un verbo.
Nacen las crónicas de nuevos días.
Estallan los colores de las páginas predestinadas a la forma.
La magia es una canción conocida por el espíritu en el cuerpo dormido.
El cuerpo debe soportar el impacto del espíritu, y de su energía.
Soportar el calor, y el frío.
La constante vibración de disparos.
Lejanas flechas acuden certeras a nuestros nombres.
Los fantasmas nos buscan.
Necesitan ser escuchados.
Cuando estoy muy aburrida les presto atención.
Cuando estoy muy entretenida
Les canto para que duerman a medio colchón de un verso en mi menor.
domingo, 4 de abril de 2010
Ahora.

Aun no suelto la cuerda.
El cometa de mi alma.
Se balancea inquieto.
La cumbre de mi angustia es una nube pálida.
Mordida por los soles de este desierto de mares y luces.
De tu rostro.
De mi rostro.
Las campanas, aun empujan las soledades por los puentes.
Pido perdón por este disparo de palabras y de fuegos.
Pero la vida es un gran acto involuntario.
Un acto reflejo de los impulsos de nuestro espíritu.
Apresurado por nacer.
Y despega vuelo, desde las fauces más oscuras de los dragones de hielo.
Que incendian desde sus ojos azules.
Ojos negros.
Ojos de pestañas como navajas,
Que atraviesan todos los rinconcitos mas guardados de mi alma.
Te sostendré marioneta inquieta de mis temores.
Te contendré un día más en mis pensamientos.
Mi nombre arrastra su poesía
Desde muchas direcciones.
Arrastra poesías, desde los hilos de sus articulaciones.
Arrastra monstruos nacarados de amaneceres de faroles.
Arrastra fantasmas de hoteles de emperadores.
La locura es un vórtice del sueño.
El olvido una necesidad de la mañana.
La muerte es un punto y una coma al final de una frase que jamás dice lo que quisiera.
Y con todo lo que no digo, digo y callo.
Y con todo lo que siento, lleno paginas de colores y líneas onduladas.
Pero no dibujo ni Ángeles, ni pájaros.
Y no puedo encontrar las llaves para liberar los dolores de tu alma.
Y del purgatorio de los sueños.
Saldrán despedidos en los trazos de tus nuevos dibujos.
Estos monstruos que pretenden asustarme con sus caras.
Los miro.
Me sonrío.
Cuantas veces a partir de ahora.
Y a partir de siempre, a partir de ayer y mañana.
Aparecerá esta imagen en mi poesía.
Cuantas veces sabrás que es por ti que escribo.
De todo lo que he escrito, y dicho, no quito nada.
Creo que agregaría.
Agregaría las razones de mis versos.
Agregaría los sonidos de tu espíritu en las primeras horas de la mañana.
Agregaría el perfume de tu voz en la última hora
Antes de que la dama del sueño juegue contigo
La danza de contar hasta tres y que te encante dormido.
De todo lo que he escrito y dicho.
No quito nada.
Creo que agregaría.
Los dibujos de tu rostro entre las páginas.
La forma de tus manos en el aire.
El modo de recortar luces desde tu mirada.
La sensación prematura del olvido mordiendo mis talones descalzos.
Mi necesidad de llorar, y de no encontrar las lágrimas.
Mi canción inquieta a mitad de la calle,
Mis dolores a mitad de un sueño.
El fantasma del pasillo que nos visitaba sin descaro.
De todo lo que he escrito, y dicho no quitaría nada.
Hay un vacío en mis costados.
En mi izquierda hay un frío de invierno amanecido de distancia
En mi derecha un vacío de luz de ventana.
Un hogar que me recibe con anécdotas de la rutina.
Mi alma tratando de huir en el primer hueco de las persianas.
No puedo evitar este disparo.
Pido perdón por ello.
Pero sabes que disparo entre risas.
Y con la voz cambiada.
Y que salto baldosas del sueño, mientras me olvido de los números
Que suman las veces que no he dicho, y he dicho lo que ya estaba en mi mirada.
Después de todo.
Y como antes.
Ya sabia de estas cosas antes de enfrentarme a los sabores de tu espíritu.
Después de todo.
… el final siempre suena a una coma y a un punto al final de una frase
Que no dice lo que mordía mi labio mientras te alejabas.
Retorno al dolor sin espectro.
A la angustia sin llanto.
Al amor con motivos de sobra.
Con nombre y apellido.
Retorno a la distancia.
Al cuento.
Al dragón.
Al mago.
Al hada.
A un lugar amable de campos con árbol y lago.
Y un puente rodeado de plantas enredaderas de flores azules.
Que suavizan la soledad empujada por las campanas.