jueves, 28 de enero de 2010

Que complicados pensamientos

Tomo las llaves de la puerta.
Estoy a punto de entrar.
Mis ojos en dirección de esa cerradura.

Mi hogar no esta allí dentro.
Pienso.
Respiro un momento
Relajo los hombros,
Trato de relajarme
El apoyo de mi cuerpo esta sobre mi pierna izquierda.

Dejo de mirar la cerradura.

Me recuesto sobre la pared.
Miro la distancia.
Allá arriba la luna hace un esfuerzo por verme tras unas nubes.

Respiro profundamente.
Exhalo.
Mi estomago se relaja,
Mi pecho sube y cuando baja,
Me despeja las ideas.

Dejo la luna.

Miro en otra dirección.

Sabia de un nido de aves entre aquellas ramas.

Pienso en la puerta.
Miro mis llaves, las sostengo con firmeza en mis manos.
No hago ruidos con ellas.
No quiero que me den más sonidos en este momento.



Podría abandonarlo todo.
Podría simplemente largarme.

Soltarme

Desprenderme.

Alejarme.

Creo que no.

Que dude en la puerta.
Y eso significa, que ya tome una decisión.

Tampoco debería entrar.

Dude en la puerta.

Como seguir sosteniendo este cuerpo.
Como seguir tolerando estas ideas.
Como soportar estas emociones
Que se ramifican desde mi pecho
Y empiezan a hacer conexiones
Sobre todos mis órganos,
Todas mis emociones
Están ligadas a este mismo centro.

Mi voluntad no alcanza.

Me faltan fuerzas.

La luna se desprendió de su disfraz de nube.

Me mira tierna.

Yo la miro tierna.

Comería un helado de luna, para olvidarme de mí
Bebería un trago de sueño.

El perfecto elixir, eterno,
Es desaparecer, no existir.

Lo cotidiano no permite estos juegos.
Llevo más de treinta minutos en el umbral de mi casa,
Apunto de entrar
Y es la primera vez en años que hablo conmigo.

No se lo que quiero.
Se que no deseo entrar.

Quiero un helado de luna

Quiero un trago de sueño.

Ser otra pluma del ave que anido en esas ramas.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.