lunes, 12 de septiembre de 2011

Los idiotas...


Los idiotas pisaron el fuego y  dentro del círculo sagrado quisieron enseñarme una danza diferente. Otro ritual para un dios muy distinto al que ha guiado  mi espíritu, mis pasos y mi vuelo a lo largo de los tiempos.
Han quemado sus ropas y han matados sus sueños, pero no han podido domesticar al fuego, porque el fuego no se puede dominar, solo debieron  dejar que los abrace y que los queme  por dentro. Debieron  sentir como ardia su ser al ritmo del viento,  aunque el viento del sur sea el más salvaje y difícil de soportar. Es como si esa energia viniera con tota el peso y la historia de las voces sagradas de la tierra y de la humanidad.
Los idiotas han mutilado los arboles. Han hecho sus nidos de los leños, aun  teniendo cuevas y hermosas construcciones de piedra. Han mutilado al gran espíritu, han vestido la tierra de cemento, y  se han intoxicado de pobreza espiritual.
Los idiotas creen que me encontraran en mi cuerpo, torpemente muerden mis senos, buscan desesperados fundirse en mi sexo...  pero una vez en mi interior ya no pueden respirar, una vez en mi interior yo los poseo, a mi me pertenece su alma,   y su cuerpo es domesticado a mi voluntad.
Los idiotas piensan jamás sienten, no saben mirar, no han aprendido a comunicarse con el cielo, y solo saben maldecir y gritar, lamentarse y morir y renacer para hacer todo igual.
Los idiotas buscan mujeres y cuando las encuentran no toleran el fuego y lo intentan apagar. 


1 comentario:

  1. Piensan sin sentir, ven sin mirar, no me extraña que sean los idiotas.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.