domingo, 20 de septiembre de 2015

Puentes

Porque hay guerras que no se acaban es que seguimos teniendo la debilidad de la estupidez.
Y no hay arma más poderosa que la palabra  y el silencio. Una mala praxis de verbos nos puede llevar al fin del mundo.

Hemos construido un inmenso puente. Fueron necesarios los materiales más exóticos, los más fieles, los más caros. El puente conduce a un precipicio. Desde allí todos podemos arrojarnos. Debajo nos espera nuestra basura. Desechos industriales, materiales que pudieron ser reciclados, juguetes rotos, juguetes nuevos solo para gente con dinero, armas que se estropearon tras el último disparo. Diarios, miles de diarios, cientos de periodistas que han vendido su alma al capitalismo, millares de hombres sin ideales, mujeres que quieren ser lindas, envoltorios de sueños con formas de ordenadores que ya no funcionan y que funcionan excelentes. Hemos construido un inmenso basurero. Desde lo alto todos podemos verlo, el puente solo tiene una dirección, subir hasta lo alto, y el abismo después.

Hemos soñado un hermoso puente. Pero no tuvimos el valor de buscarlo, tampoco quisimos invertir tiempo y materiales en crearlo. Solo era necesario hacer silencio, mirarnos a los ojos, darnos la mano, experimentar un abrazo. Ser sinceros. Callar a tiempo. Admitir los errores, repararlos. Continuar nuestro camino, paso a paso. Ese puente maravilloso no conduce a ningún lugar fuera de nosotros mismos, aunque nos ayude a cruzar todas las distancias, de cuerpo a cuerpo. Ese puente no tiene un final ni un principio, no hay lugares altísimos ni abismos en él. No hay paisajes construidos con basura. Solo el aroma violeta que tiene el equilibrio.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.