domingo, 20 de septiembre de 2015

Silencios que se vuelven carne y palabra desgarrada.

Corte mi carne, y deje que la sangre nutra la tierra. En el barro hundí la semilla sagrada, y aguarde sedienta. Un río salvaje emergió violento entre los rumores de las piedras. Los insectos bebieron de mi, el viento aprendió a gemir sobre mi vientre. Suspire y mis pulmones se abrieron. Mi boca se abrió suavemente. Comprendo. Soy tan antigua y salvaje como la misma selva. Tan hembra y tan tierra.

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Vagabundos los sueños, mansos retazos de vida que desprende la noche, naufragan exhaustos de la danza. El ritual comienza en la altura, en los labios de la luna y en los senos de la tierra... fluye la sabia fecunda que todo lo renueva, el perfume del mundo es una exhalación profunda... dime por dónde llegas primavera, que en el arrabal del invierno perdí la esperanza de ver flores nuevas. Mis pies se descalzan en el río imaginario de los parques, retazos del verde me desnudan la piel debajo del espejo y el lenguaje cotidiano, muy profundo donde despierta la otra piel siento que sonrío, que despierto, he vuelto a mi jardín personal del Edén, un pequeño rincón del mundo a dos pasos de mi alma donde puedo pasear el cuerpo y perder la lucidez.


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A veces siento que emerjo de la misma piedra, que enfurecida de pena rompo mi piel contra el mundo. A veces parece que mi cuerpo entumecido de dolores no recuerda la caricia de respirar verdes mansos, o la humedad de la tierra en el amanecer. Pero los relojes caminan, presos de un castigo infernal, caminan. Y nuestra tiempo se desteje tironeado desde sus talones ingrávidos. A veces sumergida en el sueño no quiero despertar. Pero soy alba nuevamente, nuevamente parezco un milagro, un misterio de barro, una canción de hojas secas que lucha desesperadamente por renacer.

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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.