martes, 6 de marzo de 2012

Diablada











“Como pequeños fuegos arden y bailan al ritmo ancestral, sobreviviendo a la conquista de los pueblos. Bailan y encuentran su espíritu en la tierra. Y su madre, palabra sagrada los espera, y los contempla” 

Por las piedras bajan como duendes, por los valles suben como banderas. Llevan la magia de un pueblo que resiste, que teje la suerte con las manos humildes de la tierra. Y con los pasos de los hombres que allí llegan, se van hilando los trajes y las tristezas. Un diablo inquieto salta y aúlla, combate al olvido y a la pobreza levantando su voz como una ofrenda. Por allí se dice que despiertan, aquellos que en la vida andaban perdidos. Encuentran en los paisajes y en los cristianos un lugar lejanamente conocido. Y es que en la sangre corre la historia vieja, de ser mestizos luna y fuego. La madre de todos es una palabra que respira en los rituales de los pueblos. Una vieja regaña a los niños, mientras los ve con mirada tierna. Los empuja al círculo de la vida, para que aprendan a nadar entre las estrellas. El diablo anda en su baile, como si estuviera sumergido en un sueño. Vos te quedas viendo sus vueltas, los colores que lo visten, su rostro de fiesta y ya no regresas. Ya no podes regresas, te quedas sumergido en ese sueño. Algo de aquel mundo te atrapa, se te pega en los huesos, te cala por dentro. Algo de ti se funde en la tierra. Los colores alcanzan a todos, algunos se tiñen de cielo, otros de sangre, otros se parecen al fuego o al viento. Hay un niño que se viste de bravo diablo. Sus cuernos se alzan sobre la pequeña cabeza. El rojo de su traje es del mismo tinte que el corazón del infierno. Pero sus ojos que no llevan mascaras, su pequeño lago donde nada el alma como en una noche eterna, son tan simples y buenos, como el aire que descendiendo de las nubes baila con los hombres como otro diablo sumergido en el ritmo del latido de la tierra.

Texto:@Sabina Borda.
Fotografía: Piter Romero
Lugares: Tilcara, Maimara, Purmamarca.







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Si de verdad me leyeras, si de verdad comprendieras la esencia de mi ser... sabrías que estoy aprendiendo que hay palabras que no se deben decir... hay momentos en que se debe guardar el corazón en su cajita de perfumes hasta el próximo invierno. Son como esas cosas del cuidado de las plantas y del jardín que nos ayudan a mantener la fe en nuestros sentimientos.
Si mi espíritu no ha podido florecer aún en esta tierra, lo mudare de este cielo a cielos nuevos. A un lugar donde las nubes no sean de tormentas o silencios.

Hay muchos libros de silencios y hay muchos libros de sueños que aguardan en los estantes, quizás es hora de que los lea, o que los beba como el néctar que me ayude a sanar de tanta mala suerte en mi corazón y en mis ideas.

Mi alma espera en los arboles, algún día la encontraras. Pero si la recuerdas, dile de esas palabras mágicas y veras como se acerca.