Cada noche toma más fuerza esta soledad de puertas abiertas. Deje que todos los arboles se incendiaran conmigo, y ahora cuando te quieres acercar a mi casa no te gusta el humo, las cenizas del paraíso son dolorosas en las palabras. Mis ojos guardan de aquellas luces premonitorias del principio, lo hicieron para cerrar este capítulo. La historia no termina, ya sea que viva o muera esta noche, la historia no termina, mi historia es más que este cuerpo. Me tomara tiempo nuevamente recordar quien he sido, para que me sirven las emociones y qué hacer con la luz y el perfume que buscan desesperadas mi voz y mi alma en todos los amaneceres del mundo.
Mi madre siempre mi madre, me observa y cuando llora conmigo ya no es mi madre, es mi hermana de tierra y un nuevo ángel que me protege de mi misma.
Cada madrugada late más fuerte el sol de la distancia y más débil el que se filtra en mi ventana, todo está lejos, si me quedo quieta no conoceré el mundo y si no lo conozco no recordare el nombre verdadero de todas las cosas que me rodean.
La música se sacude los años y se renueva, mis oídos se despiertan y con ellos mi voz y mi espíritu.
Parezco un gallito novato en los amaneceres del cielo, sin saber cómo suena mi canción abro mi pico me sacudo el dolor de las plumas y canto, lloro y rio, me zambullo en el aire desde mi canción.
Lejos y alto. Esas palabras encienden, invitan al verdadero camino, a crecer.
ResponderEliminarAbrazo, amiga.